Ahorro Energético

«La energía mueve el mundo». Una parte muy importante de nuestro desarrollo depende directamente de si contamos o no con suficiente energía de la calidad adecuada. Esta es la razón por la que una gran parte de nuestra actividad vaya orientada a conseguir esa energía que necesitamos para movernos, calentarnos, refrescarnos, para conseguir agua y producir alimentos, para mantener los alimentos en condiciones saludables, para entretenernos… En fin, casi todo lo que hacemos requiere un aporte energético exterior.

Sin embargo, pese a que el coste energético absorbe una porción muy considerable de nuestro tiempo de trabajo y nuestros recursos económicos, no cuidamos la calidad de la energía que consumimos. Si optimizáramos la energía que consumimos, bien energía eléctrica, bien combustibles, la factura a pagar descendería muy considerablemente.

Por ejemplo: Si catalizáramos el combustible que consumimos, podríamos circular un par de meses gratis, con el combustible que ahorraríamos. Además reduciríamos las emisiones tóxicas entre un 65 y un 80%. Y es que quemar óptimamente el combustible nos permite aprovecharlo mucho más y evita residuos que van alterando el entorno. Quemar adecuadamente el combustible impide las emisiones tóxicas de óxidos de nitrógeno (NOx), de óxidos de azufre y todas las recombiaciones que posteriormente se producen, así como las emisiones de monóxido de carbono y partículas metálicas. El motor solamente emite vapor de agua y CO2, que ni es tóxico ni produce efecto invernadero de ningún tipo, pese a que los grandes intereses mundiales se hayan empeñado en difundir esta falacia para sacarnos el dinero con impuestos. Más información sobre el tema en https://econexo.net/ecologia/mitos-del-co2/

Y lo mismo ocurre con la electricidad, una parte de la corriente que entra en nuestros hogares y nuestras industrias, aunque la pagamos, no se aprovecha. Es corriente inutilizable. Si por ejemplo desperdiciamos un 30 o un 40 % de la corrientes que usan los motores y los equipos electrónicos –Hay que considerar que este desperdicio no ocurre con las resistencias, estufas y demás- esto representa que tendremos que demandar más energía. Algo que encarece la factura eléctrica y cómo no, obliga a las centrales a quemar esa misma porción de más, de combustibles en gran parte, algo que también produce emisiones indeseables al entorno. No olvidemos que, por cada kilovatio que consumimos en nuestras casas, en las centrales se han de producir 2,6 kilovatios. Afortunadamente contamos con optimizadores de energía eléctrica que depuran las hondas inaprovechables que entran desde la red y la convierten en corriente provechable. Personalmente llevo unos 7 años con una reducción del consumo eléctrico entre un 35% y un 43% lo que representa en el peor de los casos que 127 días del año estoy funcionando con la energía que ahorro.

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